Amparo Garrido

<

Exposición “Soy tú”

Estas imágenes son una selección de las fotografías del libro Soy Tú, que se ha convertido en una exposición.


La ceguera, los perros, la fotografia y el amor

Podría hablar de que hace años tuve fobia a los perros y de que esta serie se me ocurrió yendo al psicoanalista, de la experiencia de enfrentarte a algo que te aterroriza, de la observación de las curiosas relaciones que los dueños tienen con su canes y viceversa, de las reflexiones que surgen en el momento de la selección y edición de las fotografías, donde te das cuenta de que casi todo es imaginario y sufrimos por cosas absurdas, que solo están en nuestra cabeza. Pero he decidido escribir algo breve y personal que también tiene que ver con este libro y exposición de retratos de perros.

Mis tíos Paco y Agustina eran ciegos. Vendían cupones de la ONCE. De pequeña, solía pensar que eran los más felices de toda la familia. Siempre sonreían, a pesar de su ceguera. Tenía la convicción de que eran tan felices porque eran ciegos. Imaginaba que, al no verse, podían palparse, olerse, sentirse, amarse, entregarse de una forma intensa y total. ¿Sería la ceguera lo que permitía tanta plenitud? ¿Si la ceguera era mi ideal de la felicidad, por qué elegí la fotografía? ¿Acaso la vista es el sentido más desarrollado de un fotógrafo? Solo puedo ser honesta si escribo a ciegas, y digo si escribo porque la fotografía es, como su palabra indica, escritura con luz. Paradoja: necesito la luz para hacer la foto, pero necesito la oscuridad para ser honesta conmigo misma (¿con quién si no?).

¿Qué es lo que vemos cuando miramos al mundo, cuando miramos al otro, cuando nos enamoramos?

Entre los años 1996 y 1998, hice una serie de fotografías que titulé «Sobre perros, la mirada y el deseo». Mi intención al hacer aquellas fotos era «sujetar», convertir en «sujeto» «lo pulsional del animal», y así poder mirarlo a la cara de igual a igual. Quince años después, me doy cuenta que no importan las razones que tuviera o tenga para hacer fotografías, si al compartirlas consigo como mis tíos, acariciar desde mi oscuridad tu oscuridad, y puedo tener la ilusión, aunque sea por un momento, de que vemos lo mismo, de que sentimos lo mismo, de que yo soy tú.

«…Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes…»
San Juan de la Cruz, Subida al Monte Carmelo 1,13,11-1