Ventanas, Papeles y el Hombre del Saco
Deseos extremos
Proyectarse sobre los temores, tal vez sea una de las más eficaces fórmulas, sino para ausentarlos, sí para sofocar en gran medida su hegemónico poder sobre nosotros en tanto que, en función de un miedo localizado, somos capaces de modificar nuestra conducta siempre apuntando al deterioro. El sueño, y su más nefasta posibilidad hecha insistente pesadilla sin más artificio, puede procurar toda una alteración en el modo de percibir la realidad puesto que, sin ser algo que pertenezca a la realidad de un hecho ocurrido, sucede en verdad y durante el tiempo que nuestro cerebro organiza en forma de imágenes toda una trama liberada de la angostura del pensamiento consciente.
En este sentido, el trabajo de Amparo Garrido (Valencia,1962), nos sitúa como espectadores de un proceso en el que, a través de la fotografía, asistimos a una recreación de los hechos y el escenario que durante su infancia dio cobertura una de esas reiteradas pesadillas: Ella en la cama soñaba que un hombre de saco al hombro avanzaba en su captura. La madre, fuera del entorno del hogar pero vista al otro lado de una ventana del edificio colindante desoía los gritos de auxilio. Pasado el tiempo, la autora atribuye la impasividad de la madre no a desatención alguna, sino al propio deseo de ser capturada por aquel hombre de saco al hombro.
Este planteamiento, genera todo un panorama de enfrentamientos desde un lado y otro de aquellas ventanas. Las fotografías (Ilfochrome sobre aluminio) nos plantean de un lado la posición de quién habla con inquietante sobriedad, como si estuviera recreándose a sí misma viendo aquella "otra" ventana donde se presenta la ausencia vista en forma de mujer.
La madre. En otra imagen aparece una sombra sobre la pared empapelada casi como un espectro amenazante. El vacío infantil se establece así como una especie de secuencia que avanza fotografía a fotografía, estructurándose desde lo lleno a la desaparición de cualquier movimiento.
En la sala contigua, la autora nos muestra la percepción inversa: aquello que no se ve desde el lugar donde no se está. Nada de sombras ni espectros, y por supuesto nada de aquella madre ausente queda allí patente; tan sólo la vista de la propia habitación donde apenas se adivina una cama vacía. Por otro lado, la muestra parece concluir con una especie de resolución final donde, la arquitectura imaginada marca tal vez uno de los argumentos de esta muestra. Y es que Amparo Garrido ha montado para esta ocasión una especie de decorado del que parecen haber surgido esta serie de fotografías. De ahí que de ello se derive una marcada idea de artificio, de fantasía puesta al descubierto y el modo en que las cosas son en realidad. Un paralelismo en cuanto a proporciones perceptivas se refiere entre sueño y ficción, entre realidad y realidad que, en cualquier caso pone de relieve la atracción que el hombre siente por aquella situación límite que roza lo sublime; como así sería que en verdad aquel hombre de aco al hombro hubiera hecho bueno su propósito, aunque sólo en sueños.
Juan Antonio Tinte
El Punto de las Artes
7 de julio de 2000