Una casa es un texto
Sobre una casa es un texto
No es esta la primera vez que Amparo Garrido dirige su mirada hacia nuestra realidad mas intima, hacia nuestro hogar o los lugares de convivencia de un modo general. Al margen de experiencias de corte abstracto como la de algunas piezas de su serie Vacaciones en el mar, el conjunto que conforma Ventanas, papeles y el hombre del saco ya revelaba la intención de profundizar en el terreno de lo privado, y es ahora, en esta ultima serie, donde esa voluntad parece confirmarse de un modo definitivo. Garrido retrata los hogares de sus amigos en alusión clara al noema barthesiano, el esto es la casa de Francisco, o de Silvia y Joaquín, lugares con un denominador común, los libros y una fuente imprescindible de imagen, la televisión, que nos muestra bien programas de noticias, bien clásicos – Fahrenheit 451, Vértigo – y no tan clásicos o bien documentales. Estas imágenes se entienden como una salida al exterior, un vínculo con una realidad ajena -una realidad de una potente carga narrativa por el contenido de la imagen-, un poco en la línea de esas ventanas interminables de la serie anterior. Pero Garrido evita aquí la figura humana, en este caso los dueños de la casa, subrayando no obstante muchos de los atributos que a ellos remiten. El escultor Jaume Plensa se preguntaba hace unos años por qué había que mostrar una mano cuando el pomo de una puerta, por ejemplo, ya marca la medida de una mano. Pensaba que sería algo redundante. Garrido podría suscribir esa afirmación subrayando la idea de que el hogar es ahora la viva imagen de quien lo habita, sin necesidad de hacerlo presente, algo que acentúa mediante los títulos de las obras que no son otros que los nombres de estos protagonistas ausentes.
Javier Hontoria
El Cultural del Mundo
Octubre del 2004